IAN

IAN

Mi seguidor incondicional

Habrá que aceptar que Ian fue el intento fallido de sustituir a Xiro, incluso antes de partir. Otro error, querer cubrir un espacio que pertenece solo a un ser.

Llegamos entonces al criadero de la raza buscando aquel rojizo que pudiera parecérsele. No pretendía ser para mí, pero yo lo escogí y ahí comenzó todo…

Dos camadas y más de 10 cachorros, todos con un color distinto de listón amarrados en su cuello. Después de observarlos a todos, cargué al “blue navy” (porque aun no tenían nombre) y me enamoré de el. Lo nombramos Ian, por sugerencia de la dueña del criadero. Un nombre distinto y de humano, que nos provocaba risa cuando después se confundía con algún niño… espero no ofender a nadie. Regresamos con Ian a casa, con la promesa de volverlo un perro de concurso. Tenía todos los títulos “de alcurnia” para poder serlo, pero bien dicen que uno nunca sabe lo que pasará y yo había elegido a un perro muy “accidentado”.

Había que peinarlo continuamente, porque uno de sus mejores atributos “de belleza” sería su pelo. Pelo que terminó rasurado después de golpearse corriendo y generar un absceso.

La idea de los concursos la deseché fácilmente cuando vi que eso implicaba que el no viviera una vida común. Prefería que nos acompañara a todos lados, con la libertad que pienso, un perro debe tener.

El segundo y más grave accidente fue una torción gástrica que de forma muy afortunada fue detectada a tiempo y de la cual se salvó pero no sin una operación de por medio. Fueron meses pegada a él, primero trabajando en casa mientras una empresa de servicios funerarios se cocinaba entre mi cabeza y mi computadora, y después cuidando de sus continuas recuperaciones. Fue entonces cuando pegados 24x7, entendí que Ian era mío y de nadie más.

Ian no quería compartirme con nadie, pues cuando una bebita comenzó a crecer en mi, el dejó de estar cerca. Ni siquiera quería mirarme pero se le pasó cuando la conoció. Él amaba a los niños y una niña en casa lo volvía loco de felicidad. Compartió algunos años y algunas travesuras con Draco, (aquel “huellitas” que me duró muy poco), pero incluso siendo adulto, nunca dejó de ser un niño. Mi segunda niña llegó y poco después también llegó mi divorcio. Ian me acompañó en todos los momentos de tristeza y aunque me sentí sola en muchas ocasiones, el siempre se mantuvo cerca. Siguieron algunas mudanzas, donde claro, él venía con nosotras, y también sus pastillas para alergia. Olvidé mencionar que le habían detectado una alergia que le maltrataba la piel hasta sangrarle. Después de buscar soluciones, me resigné con la cortisona, que era la única que calmaba su comezón, aunque yo sabía que a la larga no sería buena. Así fue, pues a cambio de que estuviera cómodo, nos restó algunos años juntos.

Ian comenzó con problemas en vías urinarias, que nos llevaron al hospital para después diagnosticar de entrada, insuficiencia renal. Tuve que internarlo, pues no comía, ni podía respirar. No sabíamos que tenía e íbamos un estudio tras otro.

Finalmente lo saqué de la veterinaria, pero con muy malas noticias. Ian tenía un tumor que le invadía un pulmón completo. Ya habíamos hecho demasiado y sin querer someterlo a más, finalmente me resigné a dejarlo ir. Se le dibujó mucha tranquilidad cuando llegó de nuevo a casa. “Un día o dos”, me dijo el doctor.

Tuve la oportunidad de disfrutarlo un día más, sin querer arriesgarme a verlo sufrir. Por casualidad, esos días mis hijas no estuvieron en casa, así que solos, escuchamos música, lo acaricié cuanto pude, le agradecí por seguirme hasta el final y le hablé de su nuevo camino sin poder evitar las lágrimas. Lo vi como observaba el cielo y se concentraba en el olor del aire… Entendí que también el sabía que este camino nuestro estaba por terminar. También lo vi llorar, como lloramos nosotros, con las lágrimas rodando con fuerza… No sabía que los perros podían hacerlo igual. Tampoco sabía que podría tener tantas dudas sobre lo que hacer para darle paz.

Antes de ayudarlo a partir, me vio profundamente a los ojos y nos despedimos sin que las palabras pudieran expresarlo mejor.

Son más de dos años de su partida y aun me duele este texto. Amo a los perros, pero apenas comienzo a estar lista para otro. Estoy segura que él nos enviará al indicado y que desde donde esté, cuida de las tres.

DRACO

DRACO

Draco
Una estancia breve por amor

Después de varios años, con una pareja, Pets Memorial en sus comienzos e Ian, (un nuevo setter irlandés bastante tierno, de quien les contaré más tarde) yo tenía más que suficiente, pero el espacio de aquel perro digno y protector seguía existiendo para alguien más.

Aunque hoy no dudaría en elegir mascota de un albergue, en aquel tiempo nos recomendaron un schnauzer gigante, una hermosa raza debo aceptar. Llegó entonces una bolita de pelos negra que parecía sonreír todo el tiempo y no cansarse.

A los schnauzer, como a otras razas, se les cortan las orejas y la cola. Un aprendizaje más el no haber cuestionado tan absurdo patrón. Después de haber curado sus orejas por semanas y visto su dolor, no volvería a hacer algo semejante, cual fuera la raza. Por otro lado, algo debí haber hecho mal porque una de sus orejas quedaba coquetamente caída.

Los días se nos iban en comprarles juguetes a “los niños” y llevarlos al parque. Corrían, se perseguían como locos y en casa hicieron muy buena mancuerna. Los destrozos no fueron tan graves, comparados con otras historias que conozco. Draco se dedicaba a morder todo lo que fuera, desde un muro completo de hojas elegantes, hasta el veinteavo collar que Ian trajera puesto. Si la puerta del jardín por casualidad se quedaba abierta, ellos entraban para adueñarse del futón. Draco era por supuesto siempre el autor intelectual y en su mirada era fácil encontrar aires de grandeza. Sus travesuras se complementaban con esconderle el trapo a quien nos ayudaba en casa y gruñirle como si la fuera a morder. Casi escucho perrunas carcajadas internas después de ver el miedo que podía causar. Nunca mordió a nadie.

Mi primer embarazo avanzó y mientras Ian me aplicaba la “ley del hielo”, Draco tomó mi panza como su almohada favorita hasta que mi hija nació. Mi niña crecía entre sus dos caballos, mientras nosotros nos volvíamos locos de no poderles dar la misma atención de antes. Ellos sin embargo, entendieron bien.

Ian se volvió loco con la niña de la casa, mientras Draco fungía como el guardián de toda la familia. Sin embargo, comencé a disfrutarlos menos de lo que quisiera, concentrada en mi hija y sus constantes enfermedades respiratorias. Alopatía, medicina alternativa, todos los intentos hasta caer en el hospital para varios estudios. Fueron solo algunos días, pero me parecieron una eternidad. La noche que me tocaba dormir en casa, llegué tan cansada que no recuerdo haber escuchado a Draco ladrar. Al día siguiente daban de alta a mi nena y parecía que todo iba mejor. No del todo cuando amaneció, para encontrarme con que Draco no respiraba y ya no había nada que hacer. Tuve que irme al hospital y no pude poderlo despedir. Más allá de mis sentimientos encontrados, la tranquilidad no estuvo en juego. Esta vez tenia un equipo de gente maravillosa que lo tratarían como en casa.

En múltiples ocasiones me han dicho que Draco intercambio su vida por la salud de mi hija. Después de tanto que he podido ver, no lo dudo.

XIRO

XIRO

LOS TRES ESPECIALES DE PETS MEMORIAL

En Pets Memorial, no acabamos con las historias de las mascotas especiales que han pasado por nuestro lugar. Muchas de ellas están plasmadas en las fotos que sus dueños nos han dejado, en las palabras que han escrito en los cinco tomos de despedidas y muchas otras, en las historias compartidas por sus dolientes antes de retirarse con la urna en sus manos. Tantas tan especiales que nos deja claro que cada mascota, tiene su propia misión de vida.

Ahora quiero compartir la historia de las tres mascotas que forman parte de la familia Pets y que han tocado mi corazón dejando su propia contribución. Aquí su historia, que es un poco de la mía, en el orden de su partida:

Xiro
Nuestro creador

Cuando lo conocí ya era todo un señor, un perro con porte y carácter, nada fácil por cierto. Con lo guapo que estaba, mi primera impresión fue abrazarlo, pero se puso tan tenso y miró tan esquivo, que me aclaró que yo era todavía una extraña. No era como cualquier otro setter irlandés, todo lo contrario en realidad. Poco sociable, serio, no un gran seguidor de los niños (ni de otros perros), inteligente y dominante… todo un alfa. Al principio pasaba sobre mi, y no hablo en sentido metafórico, literalmente parecía no ver mis pies y pasaba por encima, pero dos pasos adelante volteaba y me miraba como aclarando quien era superior. Yo sabía que había que ganarse su corazón y lo hice así, respetando su lugar y sin competir. Xiro no era mío, pero lo quería como si lo fuera. Tenía su propio amo (quien también era parte de mi vida) pero con el tiempo me dejó ser parte del clan. Sin darme cuenta, no solo jugaba con mis calcetines y robaba mi pizza, sino también me protegía cual león.

Me tocó compartir sus últimos años de vida, verlo perder su fuerza y sus ganas. Fue tan claro cuando una tarde salimos a dar su vuelta diaria, se detuvo en la esquina y regreso hacia la puerta. Esa fue la última vez que salimos a caminar. Cuando ya no pudo controlar esfínteres, comencé a bañarlo y cepillarlo sin que se levantara mientras me veía con la vergüenza de quien tiene un “accidente”. Xiro era un viejito hermoso con dignidad.

La decisión de una eutanasia parecía muy difícil, pero más difícil era verlo con la mirada extraviada y sin comer. Su doctora llegaría a las 2:00 pm para ayudarlo a descansar, pero él decidió irse una hora antes y con ese último acto de amor, se despidió.

No se fue del todo, porque mi mente no podía descansar después de verlo partir hacia un crematorio en una bolsa de basura. Estaba segura de lo que hubiera deseado para él y de que no existía. Me ilusionaba montar una empresa y dedicarme a algo significativo…

El resto es historia y ustedes la conocen.