DRACO

DRACO

Draco
Una estancia breve por amor

Después de varios años, con una pareja, Pets Memorial en sus comienzos e Ian, (un nuevo setter irlandés bastante tierno, de quien les contaré más tarde) yo tenía más que suficiente, pero el espacio de aquel perro digno y protector seguía existiendo para alguien más.

Aunque hoy no dudaría en elegir mascota de un albergue, en aquel tiempo nos recomendaron un schnauzer gigante, una hermosa raza debo aceptar. Llegó entonces una bolita de pelos negra que parecía sonreír todo el tiempo y no cansarse.

A los schnauzer, como a otras razas, se les cortan las orejas y la cola. Un aprendizaje más el no haber cuestionado tan absurdo patrón. Después de haber curado sus orejas por semanas y visto su dolor, no volvería a hacer algo semejante, cual fuera la raza. Por otro lado, algo debí haber hecho mal porque una de sus orejas quedaba coquetamente caída.

Los días se nos iban en comprarles juguetes a “los niños” y llevarlos al parque. Corrían, se perseguían como locos y en casa hicieron muy buena mancuerna. Los destrozos no fueron tan graves, comparados con otras historias que conozco. Draco se dedicaba a morder todo lo que fuera, desde un muro completo de hojas elegantes, hasta el veinteavo collar que Ian trajera puesto. Si la puerta del jardín por casualidad se quedaba abierta, ellos entraban para adueñarse del futón. Draco era por supuesto siempre el autor intelectual y en su mirada era fácil encontrar aires de grandeza. Sus travesuras se complementaban con esconderle el trapo a quien nos ayudaba en casa y gruñirle como si la fuera a morder. Casi escucho perrunas carcajadas internas después de ver el miedo que podía causar. Nunca mordió a nadie.

Mi primer embarazo avanzó y mientras Ian me aplicaba la “ley del hielo”, Draco tomó mi panza como su almohada favorita hasta que mi hija nació. Mi niña crecía entre sus dos caballos, mientras nosotros nos volvíamos locos de no poderles dar la misma atención de antes. Ellos sin embargo, entendieron bien.

Ian se volvió loco con la niña de la casa, mientras Draco fungía como el guardián de toda la familia. Sin embargo, comencé a disfrutarlos menos de lo que quisiera, concentrada en mi hija y sus constantes enfermedades respiratorias. Alopatía, medicina alternativa, todos los intentos hasta caer en el hospital para varios estudios. Fueron solo algunos días, pero me parecieron una eternidad. La noche que me tocaba dormir en casa, llegué tan cansada que no recuerdo haber escuchado a Draco ladrar. Al día siguiente daban de alta a mi nena y parecía que todo iba mejor. No del todo cuando amaneció, para encontrarme con que Draco no respiraba y ya no había nada que hacer. Tuve que irme al hospital y no pude poderlo despedir. Más allá de mis sentimientos encontrados, la tranquilidad no estuvo en juego. Esta vez tenia un equipo de gente maravillosa que lo tratarían como en casa.

En múltiples ocasiones me han dicho que Draco intercambio su vida por la salud de mi hija. Después de tanto que he podido ver, no lo dudo.

XIRO

XIRO

LOS TRES ESPECIALES DE PETS MEMORIAL

En Pets Memorial, no acabamos con las historias de las mascotas especiales que han pasado por nuestro lugar. Muchas de ellas están plasmadas en las fotos que sus dueños nos han dejado, en las palabras que han escrito en los cinco tomos de despedidas y muchas otras, en las historias compartidas por sus dolientes antes de retirarse con la urna en sus manos. Tantas tan especiales que nos deja claro que cada mascota, tiene su propia misión de vida.

Ahora quiero compartir la historia de las tres mascotas que forman parte de la familia Pets y que han tocado mi corazón dejando su propia contribución. Aquí su historia, que es un poco de la mía, en el orden de su partida:

Xiro
Nuestro creador

Cuando lo conocí ya era todo un señor, un perro con porte y carácter, nada fácil por cierto. Con lo guapo que estaba, mi primera impresión fue abrazarlo, pero se puso tan tenso y miró tan esquivo, que me aclaró que yo era todavía una extraña. No era como cualquier otro setter irlandés, todo lo contrario en realidad. Poco sociable, serio, no un gran seguidor de los niños (ni de otros perros), inteligente y dominante… todo un alfa. Al principio pasaba sobre mi, y no hablo en sentido metafórico, literalmente parecía no ver mis pies y pasaba por encima, pero dos pasos adelante volteaba y me miraba como aclarando quien era superior. Yo sabía que había que ganarse su corazón y lo hice así, respetando su lugar y sin competir. Xiro no era mío, pero lo quería como si lo fuera. Tenía su propio amo (quien también era parte de mi vida) pero con el tiempo me dejó ser parte del clan. Sin darme cuenta, no solo jugaba con mis calcetines y robaba mi pizza, sino también me protegía cual león.

Me tocó compartir sus últimos años de vida, verlo perder su fuerza y sus ganas. Fue tan claro cuando una tarde salimos a dar su vuelta diaria, se detuvo en la esquina y regreso hacia la puerta. Esa fue la última vez que salimos a caminar. Cuando ya no pudo controlar esfínteres, comencé a bañarlo y cepillarlo sin que se levantara mientras me veía con la vergüenza de quien tiene un “accidente”. Xiro era un viejito hermoso con dignidad.

La decisión de una eutanasia parecía muy difícil, pero más difícil era verlo con la mirada extraviada y sin comer. Su doctora llegaría a las 2:00 pm para ayudarlo a descansar, pero él decidió irse una hora antes y con ese último acto de amor, se despidió.

No se fue del todo, porque mi mente no podía descansar después de verlo partir hacia un crematorio en una bolsa de basura. Estaba segura de lo que hubiera deseado para él y de que no existía. Me ilusionaba montar una empresa y dedicarme a algo significativo…

El resto es historia y ustedes la conocen.